Universidad Complutense de Madrid
Desde el principio aquel Colegio se asentó en el lugar donde se había ubicado Complutum, la ciudad romana del Siglo I a.C. Las obras acabaron en 1508 y en ese año empezaron a estudiar los primeros alumnos. La matrícula se realizó entre agosto y octubre. El día 17 de octubre se eligió al primer Rector de la Universidad –Pedro del Campo-, inaugurándose el Curso el día 18 con una lección sobre la filosofía moral de Aristóteles. La idea inicial de Cisneros reproducía el contenido de los estudios de las Universidades medievales europeas –las que siguieron a los Estudios Generales- en las que se estudiaba Teología, Medicina y Jurisprudencia, siendo preparatorias las enseñanzas de Artes Liberales. Pretendía el Cardenal con la estructura colegial permitir estudiar a personas sin recursos que eran acogidas y becadas.
Tras múltiples avatares sufridos por la Universidad ubicada en Alcalá, que pasó de los iniciales momentos de gloria, a un considerable declive, en 1821, en el Reglamento General de Instrucción Pública, se ordenó la creación de la Universidad Central de Madrid, suprimiéndose un año después la asentada en Alcalá.
La ubicación, en segundo intento, de la Universidad en Madrid -con la denominación de Central- se produce a partir de 1836. Hasta 1837 no se completó el traslado de las Facultades o Estudios; en ese momento eran las de Teología, Filosofía, Cánones y Jurisprudencia, Ciencias, Medicina y Farmacia. En 1843 ya no quedaba en Alcalá ningún vestigio de la institución fundada por Cisneros.
A partir de 1868, tras la caída de Isabel II, durante los años del Sexenio Revolucionario se abrió una etapa de radicales e ilusionantes reformas. El discurso inaugural del curso académico 1868-1869 fue dictado por el recién nombrado Rector, Fernando de Castro, y explicitaba las directrices de la política académica de las nuevas autoridades: independencia de ciencia y enseñanza respecto del Gobierno e Iglesia, autonomía del profesor en la expresión de su pensamiento y ética profesional en el desarrollo de su actividad académica.
En la línea de reformas universitarias que inspiraban la labor de los sucesivos ministros de instrucción pública en los primeros años del siglo XX, se enmarca la creación de la Junta para Ampliación de Estudios, desde la que se fomentó una política de becas en el extranjero y de establecimiento de laboratorios de investigación, en ella tuvieron presencia activa catedráticos de la Universidad de Madrid.
El segundo gran motor en la modernización de la Universidad Central durante el primer tercio del siglo XX fue la construcción de la Ciudad Universitaria. El proyecto arrancó en la primavera de 1929, al constituirse, bajo la protección de Alfonso XIII, la Junta Constructora de la Ciudad Universitaria. La dictadura del general Primo de Rivera perseguía un doble objetivo: reubicar la conflictiva masa de alumnos fuera del centro de la ciudad y presentar un proyecto ampuloso vinculado a la creación de infraestructura. La Junta constructora se encargó de gestionar la adquisición o cesión de los terrenos en La Moncloa y el arquitecto Modesto López Otero dirigió las obras.
A lo largo de los años treinta las obras de la Ciudad Universitaria avanzaron a buen ritmo; en enero de 1933, se inauguró oficialmente el primer edificio del recinto: la Facultad de Filosofía y Letras. En 1936 el núcleo central del proyecto estaba ultimado: se habían inaugurado algunos edificios, lo que permitía la actividad docente en ellos, y otros se encontraban próximos a su finalización. En 1943 entraría en vigor la Ley de Ordenación de la Universidad española, vigente hasta 1970 y que marcó las coordenadas de la universidad franquista. Con ella quedaba certificada la estructura centralista de la universidad española (solo en Madrid se alcanzaría, hasta 1954, el título de doctor); se reconocía al Rector –nombrado directamente por el Gobierno- como la autoridad máxima de la Universidad; se involucraba en la labor universitaria a la Iglesia (que incorporaba la enseñanza de la religión en los planes de estudio), al Ejército (que se encargaría de la, entonces también obligatoria, educación física) y a Falange (encargada de encuadrar a alumnos y profesores, por filiación obligatoria, en el SEU y en el Servicio Español del Profesorado Universitario).
A la muerte de Franco, la Universidad vivió la misma incertidumbre e interinidad que el resto de la sociedad española. La aprobación de la Constitución y la consolidación democrática permitieron la promulgación de una nueva legislación universitaria. La Ley de Reforma Universitaria de 1983 sentó las bases de un moderno modelo universitario: el gobierno de la Universidad se hacía recaer sobre la propia comunidad académica; la toma de decisiones se democratiza y los departamentos universitarios asumen la organización de la docencia e investigación.
Una vez incorporada España a la Unión Europea, se ha establecido un nuevo marco de referencia para nuestra educación superior. Los conocimientos, habilidades y destrezas adquiridas durante los estudios superiores son, en cada uno de los sistemas universitarios europeos, comunes y homologables. Nace así, el Espacio Europeo de Educación Superior.
La Universidad Complutense de Madrid asume como propio un triple ideal: formar profesionales útiles a la sociedad, promover la investigación científica y difundir, entre los próximos y los lejanos, el conocimiento y los valores que son inherentes a la Universidad.